Cada que salgo a la calle,
veo la forma de tu rostro.
Entre autos y paredes
recuerdo lo suave de tus manos.
Los perros acomodados en los postes,
detectan el llanto y el miedo por
el que pase al perderte.
Cada paso es doloroso.
El transcurso entre calles
cubiertas por un polvo
espeso y cortante,
rasga mis pies,
corta mi cuerpo.
El viento. Inquietante
y dinámico,
susurra en desorden
tu nombre con apellidos.
Me recuerda que
el olvido
es imposible...y que
seguramente quedare
en el abismo.
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